A pocos meses de que inicien formalmente las conversaciones sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que el acuerdo comercial no ocupa un lugar central en su agenda, al grado de calificarlo como prácticamente “irrelevante”.
Durante una visita a una planta automotriz de Ford en Michigan y, posteriormente, en un discurso ante el Detroit Economic Club, Trump afirmó que su prioridad es impulsar la producción industrial dentro de Estados Unidos, incluso si eso implica restar importancia al comercio regional con México y Canadá.
“Ni siquiera pienso en el T-MEC. Quiero que a Canadá y a México les vaya bien, pero el problema es que no necesitamos sus productos. No necesitamos autos hechos en Canadá. No necesitamos autos hechos en México. Queremos fabricarlos aquí”, declaró el mandatario al ser cuestionado sobre el futuro del acuerdo.
Trump insistió en que la relocalización industrial es uno de los ejes centrales de su discurso económico. Aseguró que empresas de distintos países están trasladando operaciones hacia Estados Unidos. “Todo el mundo se está viniendo aquí: de Canadá, de México, de Japón, de Alemania. Están llegando y están abriendo plantas”, sostuvo.
Como ejemplo, mencionó a General Motors, al señalar que la armadora estaría regresando producción desde México. Según Trump, modelos como el Chevy Blazer y el Equinox dejarían de fabricarse en territorio mexicano para producirse nuevamente en Estados Unidos, como parte de una tendencia que, aseguró, está marcando el “regreso” de las fábricas.
La industria automotriz es uno de los sectores más estratégicos dentro del T-MEC, tanto para México como para Canadá, y también uno de los símbolos más recurrentes del discurso de Trump sobre reindustrialización, empleo y salarios.
Sube el costo político de la negociación
El consultor en comercio exterior Jorge Molina señaló que estas declaraciones deben leerse en el contexto político en el que fueron realizadas. Al hablar desde una planta automotriz en Detroit, Trump estaría elevando deliberadamente el costo político de la negociación.
“Al decir que no necesita los autos de México ni de Canadá, presiona directamente a los socios del T-MEC, sobre todo en un sector que es clave para ambas economías”, explicó Molina. Desde su perspectiva, el mensaje apunta a un cambio estructural: “Trump ya no habla de América del Norte, habla solo de Estados Unidos”, lo que abre la puerta a negociaciones bilaterales en lugar de una revisión trilateral ordenada.
En la misma línea, Adrián González, presidente de Global Alliance Solutions, consideró que las declaraciones forman parte de una estrategia de presión. “Es la narrativa nacionalista y mercantilista que ha mantenido Trump: con T-MEC o sin T-MEC, Estados Unidos buscará concesiones”, afirmó.
No obstante, González subrayó que existe un contrapeso relevante: las grandes armadoras estadounidenses, que dependen de las cadenas regionales de suministro. “La industria automotriz quiere la continuidad del T-MEC y va a presionar para mantenerlo”, recordó, citando beneficios previos como las excepciones arancelarias para autopartes bajo la Sección 232.
Pese al tono confrontativo, especialistas coinciden en que el T-MEC sigue teniendo viabilidad, aunque su revisión se perfila como una negociación compleja, marcada por la presión política y los intereses industriales de Estados Unidos.










