Bodas con personajes ficticios e inteligencia artificial ganan terreno en Japón y redefinen el concepto del amor

Casarse con un personaje ficticio, un avatar digital o incluso con una inteligencia artificial ya no es una idea de ciencia ficción en Japón. En los últimos años, este tipo de ceremonias simbólicas han ganado visibilidad y aceptación social, impulsadas por el avance tecnológico y por una tendencia conocida como fictosexualidad, entendida como la atracción emocional o sexual de las personas hacia personajes no humanos.

Aunque estas bodas no tienen validez legal, para quienes participan en ellas representan una forma auténtica de compromiso emocional que desafía los modelos tradicionales de pareja. El fenómeno, que comenzó como una expresión extrema de la cultura otaku, ha evolucionado hasta convertirse en una práctica con alcance internacional.

De acuerdo con Yasuyuki Sakurai, organizador de bodas con más de dos décadas de experiencia, este tipo de ceremonias ya no se limitan a ciudadanos japoneses. Actualmente, la mayoría de las solicitudes provienen del extranjero, especialmente de países como Australia, Alemania o Rusia, cuyos ciudadanos viajan a Japón o celebran bodas virtuales con sus personajes favoritos.

El crecimiento de esta tendencia está respaldado por datos de la Asociación Japonesa para la Educación Sexual (JASE), que en 2023 reportó que dos de cada diez adolescentes afirmaron sentir atracción por avatares o personajes ficticios, una cifra que evidencia un cambio profundo en la forma de relacionarse emocionalmente en la era digital.

Historias que marcaron un precedente

Uno de los casos más conocidos es el de Akihiko Kondo, quien en 2018 formalizó su unión simbólica con Hatsune Miku, una cantante virtual creada por Crypton Future Media. Kondo invirtió cerca de dos millones de yenes en la ceremonia, que contó con invitados y cobertura mediática internacional.

Para él, la relación fue un apoyo emocional en un momento de acoso laboral y aislamiento social. Sin embargo, la dependencia tecnológica también mostró sus riesgos: en 2020, el software que permitía la interacción con el holograma fue descontinuado, lo que llevó a Kondo a convertirse en el primer “viudo virtual” reconocido públicamente.

Casos similares se repiten. Wataru Nakatani, otro japonés, se casó simbólicamente con Hatsune Miku en 2022 y afirma no ver grandes diferencias entre esta relación y su matrimonio previo con una persona real. Por su parte, Mika, una joven japonesa de 26 años, contrajo matrimonio simbólico en 2024 con un personaje del anime El Príncipe del Tenis, tras experiencias afectivas no correspondidas con personas reales.

Amor real, reconocimiento inexistente

Especialistas como Yuu Matsuura, investigador de la Universidad de Tokio, subrayan que sentir amor por un personaje ficticio no implica incapacidad para distinguir la realidad, sino la proyección de emociones genuinas hacia un objeto no humano, similar a un amor platónico.

No obstante, la falta de reconocimiento legal sigue siendo una barrera. Para la sociedad y las instituciones, estas personas continúan siendo solteras, sin importar el compromiso que asumen en lo personal.

En un Japón marcado por el envejecimiento poblacional, la soledad y la digitalización, las bodas con personajes ficticios e inteligencia artificial abren un debate profundo sobre qué significa amar, comprometerse y formar vínculos en el siglo XXI, en una frontera cada vez más difusa entre lo humano y lo virtual.