En los últimos años, muchos consumidores han notado un fenómeno recurrente al hacer el supermercado: los productos parecen iguales, pero contienen menos. Este fenómeno se conoce como reduflación, una práctica cada vez más utilizada por la industria alimentaria para enfrentar el aumento de costos sin elevar de forma visible los precios.
La reduflación ocurre cuando una empresa reduce la cantidad, peso o volumen de un producto, manteniendo el mismo precio y, en muchos casos, el mismo empaque. Aunque el costo en la etiqueta no cambia, el consumidor termina pagando más por menos, lo que convierte a esta estrategia en una forma de inflación silenciosa.
¿Por qué ocurre la reduflación?
El principal motivo detrás de la reduflación es el incremento sostenido en los costos de producción, como materias primas, transporte, energía y mano de obra. Ante un entorno inflacionario, las empresas enfrentan la disyuntiva de subir precios de manera directa —lo que puede afectar las ventas— o reducir discretamente el contenido del producto.
Para muchas marcas, disminuir las porciones resulta menos visible y menos impopular que anunciar un aumento de precio. De esta manera, el impacto se traslada al consumidor sin una percepción inmediata.
Alimentos donde más se presenta
La reduflación es especialmente común en productos de consumo diario, como:
- Pan y tortillas
- Cereales y botanas
- Yogures y lácteos
- Bebidas envasadas
- Productos congelados
- Dulces y chocolates
En muchos casos, la reducción puede parecer mínima —unos gramos menos—, pero acumulada en el tiempo representa un mayor gasto mensual para las familias.
¿Cómo afecta al consumidor?
El impacto de la reduflación va más allá del bolsillo. Al reducirse las porciones, las personas consumen más unidades para sentirse satisfechas, lo que acelera el gasto. Además, dificulta comparar precios, ya que muchos consumidores se guían por el costo total y no por el precio por gramo o mililitro.
En el caso de hogares con ingresos ajustados, esta práctica puede afectar la planeación alimentaria, especialmente cuando se trata de productos básicos.
Cómo identificar la reduflación
Para evitar caer en esta estrategia, los expertos recomiendan:
- Revisar el contenido neto en la etiqueta
- Comparar el precio por kilo o litro
- Detectar cambios sutiles en el empaque
- Evaluar si el producto rinde menos que antes
Una práctica legal, pero cuestionada
La reduflación no es ilegal, siempre que el contenido esté correctamente indicado en la etiqueta. Sin embargo, organizaciones de consumidores consideran que afecta la transparencia y debilita la confianza entre marcas y clientes.
En un contexto de inflación persistente, la reduflación se ha convertido en una realidad cotidiana. Estar informado y comparar productos es clave para proteger el presupuesto familiar y tomar decisiones de consumo más conscientes.
