En los últimos años, muchos consumidores han notado que algunos productos mantienen el mismo precio, pero reducen su contenido, una práctica conocida como reduflación. Este fenómeno se ha vuelto cada vez más común en productos de uso diario como alimentos, artículos de limpieza y productos de higiene personal, lo que puede afectar directamente el bolsillo si no se compra de forma informada.
Una de las herramientas más efectivas para detectar la reduflación y tomar mejores decisiones de compra es comparar precios por unidad, es decir, analizar cuánto cuesta realmente cada producto en función de su peso, volumen o cantidad, y no solo por el precio total que aparece en el anaquel.
¿Qué es el precio por unidad?
El precio por unidad indica cuánto se paga por una medida estándar, como kilogramo, litro, gramo o pieza. Este dato suele aparecer en letras pequeñas en las etiquetas de los supermercados y permite comparar productos de diferentes marcas o presentaciones de manera justa y objetiva.
Por ejemplo, dos paquetes de cereal pueden costar lo mismo, pero si uno contiene menos gramos, en realidad es más caro. Al revisar el precio por kilo o por gramo, el consumidor puede identificar cuál opción ofrece mayor cantidad por su dinero.
Pasos para comparar precios por unidad correctamente
- Revisa la etiqueta completa: No te quedes solo con el precio grande; busca el costo por kilo, litro o pieza.
- Compara la misma unidad de medida: Asegúrate de que ambos productos estén expresados en la misma unidad para evitar confusiones.
- Desconfía de los empaques “nuevos”: Cambios de diseño suelen acompañarse de reducción en el contenido.
- Evalúa promociones: No todas las ofertas representan un ahorro real; compara el precio unitario antes de decidir.
- Haz cuentas rápidas: Si no aparece el precio por unidad, divide el precio total entre el contenido neto.
¿Por qué es importante hacerlo?
Comparar precios por unidad protege el poder adquisitivo, ayuda a detectar prácticas engañosas y fomenta un consumo más consciente. Además, permite planificar mejor el gasto familiar y evitar pagar más por menos cantidad sin notarlo.
La reduflación no siempre es evidente, pero con hábitos simples de comparación, los consumidores pueden evitar compras desfavorables, elegir productos que realmente convienen y enviar un mensaje claro al mercado: la transparencia sí importa.
Adoptar esta práctica al hacer el súper puede marcar una diferencia significativa en el presupuesto mensual, especialmente en un contexto de inflación y aumento constante en los precios.
